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Encontrados nuevos restos arqueológicos

Como ya sabemos, la ciudad de Lorca es la ciudad más antigua de la región al estar habitada ininterrumpidamente desde hace más de 5500 años, y los nuevos restos encontrados vuelven a atestiguarlo.

Hace unos meses se comenzó a construir un vial en los barrios altos de la ciudad para conectarlos y facilitar su comunicación con el resto de la ciudad. A nadie ha sorprendido lo que ha ocurrido: se han encontrado restos arqueológicos de gran importancia en la zona de la Iglesia de Santa María, un lugar donde se asentaron las primeras poblaciones hace más de 5500 años. ¿Qué ha aparecido? Muchas cosas. Antes de nada hay que tener en cuenta varios factores. El primero es que hay «capas» y cada una se corresponde con restos de distintas épocas. Cuando más abajo, más antiguo. Así, si se conserva la capa de arriba no podemos saber qué hay debajo. De momento conocemos que en ese lugar hay casas del siglo XVIII aunque también han aparecido restos más antiguos que podrían corresponderse con construcciones de uso comercial e «industrial». Hay que esperar.

De momento sí confirman que la Dirección General de Bienes Culturales está estudiando el modo de conservar los restos encontrados ya que poseen gran importancia aunque no ha trascendido nada más.

Sea como fuere, estamos de enhorabuena ya que un buen proyecto de gestión puede ayudar a que la zona mejore social y económicamente.

La ermita del Cristo de la Carrera de Lorca

La devoción religiosa es un sentimiento muy fuerte que puede llevar a alguien a establecer una capilla o ermita en su propia casa, ya sea por devoción o por tradición.

Hoy os vamos a contar una historia sobre una ermita que ha sido derribada estos días en Lorca, la Ermita del Cristo de la Carrera, en el barrio de Santa María.

Esta ermita se encontraba hasta hace unos días en el barrio de Santa María (entre esta iglesia y la de San Pedro), en una casa particular cuyos propietarios adaptaron una de sus habitaciones para rendir culto a un Cristo Crucificado. Cuenta la historia que el bisabuelo de la madre de Dolores Sánchez, custodia de este Cristo, contaba que había soñado en varias ocasiones con el Cristo de las Carreras, el cual le pedía que le sacase del lugar donde se encontraba. Si bien al principio su mujer no le daba importancia al sueño, un día estaban hilando pero las hebras se rompían, algo completamente extraño, por lo que el bisabuelo de Dolores recordó el sueño en el que el Cristo le decía en lugar en el que se encontraba escondido. De este modo, decidió hacer caso al sueño y lo buscó, encontrándolo a escasos metros de su casa. Como consecuencia de este milagro, la familia decidió crear una ermita en su propia casa para darle culto.

Esta es una de las muchas leyendas que tenemos en Lorca que todos deberíamos conocer.

Conservación del centenario Puente de la Torta

El Puente de la Torta es una de las primeras obras de ingeniería de España en la que se usó el hormigón.

El Puente de la Torta durante el traslado de la Virgen de las Huertas acompañada por sus fieles. Foto: El Lorquino.

Construido a principios del siglo XX, se trata de un puente que da acceso a los vecinos de Lorca al salvar la Rambla de Tiata. No es únicamente un puente para uso exclusivo de quienes viven allí sino que lo hace con todos los habitantes de la ciduad y pedanías ya que, más de 100 años después de su construcción, es utilizado para visitar los Reales o simplemente ir al marcado semanal o la feria. Pero es precisamente su uso durante las fiestas patronales cuando resulta más significativo para los vecinos.

Al margen de su altísimo nivel sentimental para los lorquinos, se trata de un puente de arco único y una luz de 45 m que ha sido restaurado en varias ocasiones. Fue en 2017 cuando saltó la alarma cuando la corporación local del momento quiso, en primer lugar, destruirlo y posteriormente girarlo para colocarlo en una rotonda una vez que vieron la oposición frontal de la Asociación y vecinos. Posteriormente se quiso dejar la responsabilidad a la sociedad proponiendo un referéndum que lógicamente no se llegó a realizar. Ahora, en 2022, ha sido publicado en prensa que este centenario e histórico puente se conservará y mantendrá en su lugar, noticia que sin duda es la única que se podía dar dada la vital importancia de este monumento (sí, es un monumento).

Queremos además hacer una observación: los humos de los vehículos son altamente destructivos (también para el hormigón), por lo que recomentamos que sea ahora, en esta fase, cuando se tenga en cuenta la instalación de un sistema que evite que dichos humos toquen directamente el hormigón del puente.

Así, queremos dar las gracias a los vecinos por apoyar nuestra reivindicación (iniciada en 2017) y a quienes hayan decidido finalmente su conservación. Es un enorme paso en la conciencia conservacionista del Municipio, cuyo patrimonio cultural es sin duda nuestra mayor riqueza y major oportunidad ecnómicamente hablando. Ahora podremos seguir disfrutando de esta obra pionera en España, ya sea para acompañar a nuestra patrona o para acudir al mercado semanal. Su conservación será sin duda una de las grandes noticias de todo 2022.

El Acueducto de Zarzadilla de Totana

Autora: Cristina Gómez López. Historiadora del Arte y gestora de Patrimonio Histórico-Artístico y Cultural.

El Acueducto de Zarzadilla de Totana forma parte del complejo entramado hidráulico de Lorca que permitió el despegue económico del municipio y que ahora se encuentra en peligro de desaparición.

Imagen cedida por la Asociación Lorca por su patrimonio cultural a Hispania Nostra.

Este acueducto forma parte de una inmensa red de infraestructuras hidráulicas cuyo fin era distribuir eficientemente el agua del territorio de Lorca para usarla tanto en agricultura como para el consumo humano; hecho este último que fue celebrado con la instalación de una fuente conmemorativa a la llegada del Trasvase Tajo-Segura. La importancia de este recurso es tal que se contó con el trabajo de importantes ingenieros como Escofet y Martínez de Lara, autores del que nos ocupa, quienes trabajaron en otras obras en la localidad. Sin este tipo de infraestructuras no hubiese sido posible el desarrollo de la ya de por sí pertrecha economía de Lorca en aquel momento e incluso con posterioridad, llegando su influjo hasta el momento presente.

El acueducto que nos ocupa fue construido entre 1773 y 1781 según la Real Pragmática de 5 de septiembre de 1768, para surtir de agua a varias fuentes del centro de la ciudad y otras zonas de Lorca (se le conoce como “Cañería de Lorca”). Escofet y Martínez de Lara fueron dos de los arquitectos que trabajaron en este proyecto, costando 1.300.000 reales. Forma parte de la red de aguas del municipio, siendo imprescindible para conocer la historia de Lorca y el regadío de la Región de Murcia.

Pero su valor no radica exclusivamente en el constructivo sino que lleva pareja una serie de actividades y formas de vida inherentes al territorio que posteriormente fue la Región de Murcia, habiendo estado vinculado a la agricultura y el agua (o más bien su escasez y aprovechamiento) desde hace milenios. Así, la falta de agua y mala distribución hizo obligada la construcción de esta infraestructura tan necesaria. Si la agricultura de Lorca pasó de secano a regadío fue precisamente por construcciones de este tipo, afectando no únicamente a la economía sino también a la cultura, modos de vida y actividades tanto de los lorquinos residentes en las pedanías donde se inserta como la de los propios ciudadanos vecinos de la ciudad, ya que, en este caso, el final de la canalización está en la propia Lorca. Además de lo anterior, el Acueducto forma parte del paisaje y entrono natural, habiendo sido vital para las construcciones y asentamientos humanos vinculados al mismo, pudiéndose incluso realizar excavaciones arqueológicas si así se estimase para conocer los modos de vida de los ciudadanos, al menos, a partir de su construcción, es decir, desde 1781 en adelante.

Pues bien, desde la Asociación hemos venido realizando trabajos varios para su conservación como la inclusión del mismo en la Lista Roja de Patrimonio (a instancias de un vecino de Lorca) y la realización de informes para su declaración como Bien de Interés Cultural. Seguiremos trabajando por nuestro patrimonio.

Descifrando el arte: pinturas del Santuario de la Virgen de las Huertas

Autora: Cristina Gómez López. Historiadora del Arte y gestora de Patrimonio Histórico-Artístico y Cultural.

“El arte es siempre más abstracto de lo que imaginamos” –confiesa Basil a Dorian Grey en la obra de Óscar Wilde–. Efectivamente, el arte es mucho más que algo bonito o feo, y el historiador del arte es el encargado de descifrar sus mensajes y significado. Una obra puede contener un mensaje oculto, ser lo estrictamente representado, aunque también puede ser aquello que entienden, por un lado, el artista, y/o quienes la observan. ¿Se ha preguntado alguna vez qué significan las pinturas del Santuario de la Virgen de las Huertas? Mayo es el mes dedicado a María, y la Virgen de las Huertas es una de las advocaciones lorquinas por antonomasia.

Virgen de las Huertas de Lorca. Talla de Sánchez Lozano. Foto: Wikipedia.

Con un ciclo pictórico interesantísimo que trasciende lo local, el Santuario de la Virgen de las Huertas exalta en múltiples ocasiones la figura de María, como ocurre en la cúpula de su iglesia. Los atributos son pistas que nos dicen de qué trata una obra, de modo que lo que podemos ver aquí es la Coronación de la Virgen, es decir, la exaltación de la figura de la Madre de Cristo por parte de la Iglesia Católica como uno de los pilares de su doctrina, figura ésta duramente criticada y negada por la Iglesia Protestante. Así, la escena tiene como protagonistas a la Trinidad y la Virgen, la cual está a punto de recibir la corona de manos de un ángel mientras es bendecida y, en segundo plano, San Francisco, fundador de la orden que lleva su nombre y bajo cuyo cuidado se encuentra el Santuario. El simbolismo de esta escena y su importancia viene abalada por el resto de personajes que forman la riquísima Corte Celestial, divinizándola al estar presentes santos, muchos de ellos asomados a un balaustre, y ángeles en distintas actitudes y pertenecientes a diversas jerarquías, ya que para el Cristianismo no hay un solo tipo de ángel. Así, podemos ver querubines portando objetos simbólicos como un espejo o un ramillete de azucenas, o ángeles músicos, presentes también, por ejemplo, en el Pórtico de la Gloria de Santiago de Compostela. Otros elementos simbólicos reafirman la idea de que el Cristianismo es la religión suprema, verdadera y única. Por último cabe destacar que la Coronación de la Virgen no ha sido pintada en este lugar por capricho sino que es uno de los lugares de mayor simbolismo que un templo cristiano puede tener, ya que representa el cielo y posee la forma geométrica perfecta: el círculo.

Pinturas de la cúpula de la escalera. Foto: Regmurcia.com.

En conclusión, el arte es mucho más de lo que parece y en ocasiones se necesita de un “guía”, el historiador del arte, para comprenderlo en toda su magnitud, ya que el patrimonio no es sólo disfrute estético sino que transmite valores, conocimientos y su sin fin de beneficios, entre ellos sociales, culturales y económicos. Por ello es necesario preservar y proteger nuestro patrimonio, ya que es una parte importante de nuestra identidad como colectividad e individuos singulares; para lo que ha de ponerse en valor de forma adecuada y siempre por expertos vinculados a la materia.

Pinturas de la escalera del convento. Foto: IPCE.

Texto publicado en la revista «Vivir en Lorca» por la autora.

Conferencias

Hoy viernes y mañana sábado tendremos dos nuevas entregas de «lo que esconde la Semana Santa», nuestro I Ciclo Cultural «Detrás de la Semana Santa de Lorca».

  • 9 de abril, a las 20:00 h.: Los tronos no se preparan solos, y menos el de la Oración en el Huerto. Tampoco se conduce solo. Hay un gran trabajo detrás que jamás te habías planteado.
  • 10 de abril, a las 12:00 h.: Los tronos son esos grandes olvidados por el público general pero también por los especialistas. Su estudio nos da una valiosísima información que ni estando dentro de una comisión se puedde conocer.

¿Dónde? Palacio de Guevara de Lorca y en nuestro canal de Youtube (si la conexión en el Palacio lo permite).

Asistencia gratuita y hasta completar aforo.

Se recomienda asistencia ya que la conexión allí no es muy buena.

Se respetarán todas las medidas AntiCOVID.

Semana Santa y otras cosas sorprendentes

Hoy queremos dedicar esta entrada a algo que para los lorquinos es fundamental: la Semana Santa.

¿Os habéis planteado cómo se organiza la Semana Santa de Lorca? Para los que no la conozcan, es una celebración de escaso recogimiento en el que impera la alegría, el color y el brillo. Hablamos de una manifestación cultural y religiosa en la que no se puede esperar lo que en otros lugares. No esperéis silencio y dolor. Esperad lo inesperable:

En nuestra Semana Santa podréis esperar caballos, carros y carrozas; personajes históricos como Cleopatra o del Antiguo Testamento como el rey Salomón. Veréis el cielo y el infierno, a dioses de religiones paganas, demonios y arte, mucho arte.

No nos hemos vuelto locos (un poco sí, la verdad). Mirad este vídeo hasta el final y sentáos si no queréis caeros de la sorpresa:

Vídeo promocional de la Semana Santa de Lorca.

¿Cómo se organiza todo esto? Aquí te puedes enterar:

Podrás verlo cómodamente desde tu casa porque lo vamos a retransmitir por nuestro canal de Youtube.

Foto destacada: Autor desconocido.

¿A qué se dedican los arqueólogos?

Autoría: Clemente López, arqueólogo.

¿Qué es la Arqueología? Muchas respuestas se pueden dar, pero la más pertinente sería decir que la palabra arqueología viene de la unión de los vocablos… no, no vamos a ir por este camino. También podríamos decir que es la ciencia que estudia… tampoco vamos a ir por este camino. Es una ciencia pero no es lo que queremos mostrar. La arqueología es, a día de hoy para la mayoría de la población, Indiana Jones, el arqueólogo por excelencia. Este es el cliché más extendido del mundo de la arqueología pero por suerte la realidad no es exactamente así. Todo arqueólogo puede tener algo de Indiana Jones pero el doctor Jones no tiene nada de arqueólogo. ¿Alguien ha visto alguna vez un proyecto de investigación redactado por el doctor Henry Walton Jones Jr.? Creo que no.

Lámina 1. El Dr. Jones haciendo arqueología. Fuente: «Fotogramas«.

Originalmente se podría decir que un arqueólogo era una persona sin formación como tal pero aficionado al estudio de las antigüedades, que, con un puñado de hombres, se dedicaba a extraer objetos, sobre todo de tumbas. Algunos de esos estudiosos documentaban lo encontrado mediante anotaciones y dibujos, otros no. Lo que si hacían todos era comerciar con los objetos, repartiendo patrimonio por medio mundo, en colecciones privadas o museos.

A día de hoy, es muy diferente. Podemos encontrar algunas semejanzas, como la curiosidad por conocer el pasado, dar explicación a ciertos hechos a través de indicios. Pero lo cierto es que un arqueólogo del s. XXI es una persona que ha adquirido múltiples habilidades, y no solo la paciencia de excavar con una brocha, otro de los clichés más extendidos (se hace, pero solo cuando es necesario. Os aseguro que no encontramos ningún placer especial excavando con una brocha, solo el de un trabajo bien ejecutado).

Lámina 2. Sinagoga de Lorca. Esto no se excava a brocha. Fuente: Fundación Palarq.

Un arqueólogo debe tener conocimientos de dibujo, fotografía, heurística, estratigrafía, arquitectura, ofimática, informática, topografía, cartografía, anatomía, geología, capacidad deductiva, razonamiento y ejercitar una inquebrantable paciencia (huelga decir que los equipos multidisciplinares son mucho más efectivos).

Esa paciencia es necesaria para, durante una excavación o un trabajo de investigación, no llegar a conclusiones erróneas; y también es muy necesaria para soportar la profunda ignorancia que a veces muestra la sociedad hacia el patrimonio, o por ver cómo, muchos de los proyectos que incluyen excavación arqueológica, están en manos de arquitectos, los cuales no tienen competencias en arqueología como para poder diseñar intervenciones efectivas.

Lámina 3.represetnación de algunos de los trabajos hechos en arqueología. Fuente: Freepik.
k.

A nivel social, a lo largo de estos años he descubierto una realidad: a todo el mundo le encanta el patrimonio, mientras no le moleste. Hace unos días, un compañero ponía en redes, algunas de las lindezas que la gente decía al pasar junto a la obra, en la muralla de Murcia en la que se encontraba. Estas iban desde, “vaya una mierda tenéis aquí” hasta “nos tenéis la calle cortada con esta mierda y no pueden verme el escaparate” Esto es en Murcia, en Lorca tenemos lo mismo, “eso son 4 piedras viejas”, “habría que pegar una `patá a to y tirarlo´. Como pueden ver, muy bonito todo.

Sin embargo, he de señalar que las cosas buenas de la arqueología pueden con mucha diferencia a los malas. Un arqueólogo o arqueóloga lo es por vocación. Nos encanta nuestro trabajo y compartirlo con todo el mundo. La satisfacción que se siente cuando ves que un grupo de niños muestra interés por nuestra historia es una labor que esta sociedad está desarrollando y que, en un futuro no muy lejano, nos reportará inmensos beneficios. Personalmente, la sensación que genera el saberse en un lugar habitado hace siglos y tratar de conocer el por qué de las cosas que encontramos es una motivación inmensa. Pasar horas estudiando objetos o debatiendo con compañeros sobre ellos para llegar a una conclusión es apasionante. El resultado y el objetivo final de todo eso es transmitir todo ese conocimiento, que puede ir desde objetos en un museo o un artículo en una revista, hasta explicar a alguien que la piedra que tiene en la mano es una lasca de sílex de primera extracción y que esos picos que se ven es un retoque hecho para dar al objeto dientes de sierra y poder usar esa piedra para cortar.

A veces, esos objetos no tienen que ser tan antiguos, tal es el ejemplo de un tenedor encontrado en las excavaciones del claustro de Santo Domingo. Podría haber sido simplemente un tenedor si no fuese por su peculiar estado de conservación. ¿Por qué están desgastadas las púas de solo un lado? Porque están rotas, pero ¿por qué están afiladas? ¡ups! entonces no están tan rotas. Aquí entra el debate, y mostrar la pieza a compañeros. Uno de estos compañeros me dice… “mi abuela tenía un tenedor que usaba exclusivamente para batir huevos….”. ¡Zas! Nace la emoción de deducir de forma automática mirando ese tenedor de 100 años, que una persona, probablemente diestra, batió a saber la cantidad de huevos para no sé cuantas tortillas con ese objeto, y poder contarlo a la gente. Deducimos que es diestra porque casi todo el mundo pone la parte cóncava del tenedor hacia sí para batir huevos, o al menos yo lo hago así. Y así es cómo un simple objeto adquiere de repente un valor diferente al que tenía en un principio. Sí, a veces hacer arqueología se parece un poco a CSI.

Lámina 4. Tenedor procedentes de la excavación arqueológica del Claustro de Santo Domingo. Fuente: el autor.

Como conclusión, es mi intención, y la de nuestra Asociación, mostrar nuestro patrimonio y concienciar sobre su incalculable valor, ya que es irremplazable. Esta labor se hace desde la Arqueología, la Historia del Arte, la Restauración, la Arquitectura, la Historia y otras muchas disciplinas, pero también desde los centros educativos, y como no, en casa de cada uno.

Lázaro Martínez Miñarro (1833-?) cuatro obras del maestro de obras lorquino.

           

Antes de entrarnos en la figura de Lázaro Martínez, habría que especificar que hasta bien entrado el siglo XIX, la casi totalidad de los maestros de obras (un título equivalente al actual aparejador) se van a formar en la tradición gremial tradicional.  

La regulación sobre la formación del maestro de obras se realizará mediante la Real Orden por Carlos III, aunque por distintas circunstancias, como la lejanía de la Corte, la rotura del Pantano de Puentes (caso de Lorca), ocupación francesa y la Guerra de la Independencia y las distintas epidemias que sufrió el país en las primeras décadas del siglo XIX, no tuvo una aplicación efectiva hasta la segunda mitad del siglo. 

Uno de los primeros maestros que debió de formarse académicamente y que es oriundo de nuestra ciudad es Lázaro Martínez Miñarro. Natural del Barrio de San Cristóbal, donde, según todos los indicios, debió nacer, vivir y también morir[1].

Suyos son multitud de proyectos para obras particulares y realizaciones de viviendas en Lorca. Maestro formado en la tradición constructiva local, realiza planos extremadamente sencillos y esquemáticos, donde, en la mayoría de los casos solo esboza las líneas y los huecos para las luces, pero cuyo resultado una vez plasmado el edificio, nos ofrece una visión completamente distinta, de gran riqueza y variedad plástica, propia del eclecticismo imperante en el momento. La simpleza en sus líneas se transforma al añadirse una exquisita y ecléctica decoración que nos habla de un conocimiento profundo del arte constructivo y de las corrientes decorativas imperantes.

Según el padrón de habitantes de 1866[2] Lázaro Martínez Miñarro tiene 33 años, es maestro albañil, está casado con Soledad Díaz y viven en calle Castellar, nº 2 del Barrio de San Cristóbal, junto a sus hijas, María y Remedios. En el padrón de 1899 aparece viviendo en la calle Caballón del citado barrio.

De entre las obras que realiza, una de sus «diseños» más conocido, por lo céntrico, a la par que ignorado es de 1867[3]. Se trata del plano para Juan Moya Martínez, en el solar de la calle Príncipe Alfonso esquina S. Francisco (figura 2). Un proyecto de tres plantas con fachada a dos calles. El dibujo presenta tres ejes por fachada, con las ventanas del primer piso mayores que las falsas (figura 1)

Fig. 1. AML. Obras Particulares, 1867.

Es una obra que no termina y que el propietario debe encargar a otro maestro de obras local, José Antonio Pérez-Chirinos Esteban.

Fig. 2. Edificio en la actualidad. Foro autor. 2008.

Trabajó para el ayuntamiento, ya que en 1871[4], solicita la plaza de maestro alarife titular, y a pesar de la inestabilidad política del momento, o por qué no decirlo, debido a ello, será nombrado maestro de obras titular, pasando a tasar y reconocer distintos terrenos concedidos a censo y obras de los particulares[5], hasta 1873, cuando se vuelve a producir un vuelco político en el país. Volverá a ostentarlo en 1878 con un sueldo de 4.000 pesetas.

En 1878 le será encargado[6] por Sebastián Mª de Alberola López, notario de la ciudad, el segundo de los edificios destacados en este artículo.

El Sr. Alberola poseía dos casas Nº 18 y 21 en la calle de la Parrica (Pío XII) y solicita al ayuntamiento 16 m² de una parte del callejón que existía al lado de ambas (espacio que existe a día de hoy y está cercado por verja) y al que se califica como depósito de inmundicias y falto de higiene y decoro. 

Las protestas de los vecinos imposibilitarán la anexión de la vía, pero no así la realización de un nuevo edificio, resultado de la unión de los dos preexistentes. El diseño es extremadamente sencillo pero el resultado es completamente diferente (figura 3).

Como será habitual en sus obras, sobre un potente zócalo de piedra se erigen las tres plantas, separadas por impostas (líneas horizontales que marcan los pisos) sobresalientes, con tres vanos por eje. En la planta baja, también tendrían molduradas, aunque durante muchos años pertenecieron a un local comercial que no dejó ver el zócalo de piedra ni los guardapolvos. Una acertada reciente restauración, ha devuelto al zócalo todo su esplendor, no pudiendo recuperarse las decoraciones que enmarcaban los vanos.

El primer piso contiene tres amplios ventanales, con dos balcones a los lados de construcción posterior. Estos ocultan la decoración, mientras que la exhibe el balcón central.

Se enmarcan con lisos guardapolvos, que culminan en ménsulas a modo de capitel, sosteniendo un entablamento decorado con ovas y dardos, rematado en las esquinas por formas que recuerdan una flor lanceolada, y un centro del mismo de inspiración oriental y formas pentagonales. El dintel exhibe una especie de dentellones o taqueado cuadrangular. Combinaciones que muestran el eclecticismo decorativo.

Los entrepaños, a su vez, se decoran también con molduras cuadradas en cuyo interior, en bajo relieve, se inserta una cruz de amplio centro y cortos brazos. El edificio juega con la policromía típica del sudeste (ocre y blanco)

En la segunda planta, las ventanas, también con balcón, son de menor tamaño que las de la principal. Esta vez, están enmarcados, con una moldura más plana, coronada por un sencillo capitel rectangular con motivos vegetales.

Se remata el conjunto con un frontón esta vez curvo y tímpano se decora con líneas rectas perpendiculares, acompañado de dos formas prismáticas a los lados. El friso, vuelve a ser una suerte de taqueado geométrico que proporciona juegos de luces y sombras.

Fig. 3. AML. Casa Sebastián Mª de Albeloa. 1879.

Fig. 4 y 5. Casa Sebastián Mª de Alberola. Lázaro Martínez. Foto autor. 2016.

Figura   4                                                            Figura  5

La cornisa, muy sobresaliente, se articula juegos de ménsulas, dos a ambos lados de la fachada y tres en los dos entrepaños de los huecos de las ventanas, recordando, en cierto modo a las usadas durante el siglo XVIII en nuestra ciudad.

La fachada lateral, al callejón que sería cerrado, está también dividida por líneas que marcan los pisos, pintada en tono almagre, y con dos ventanales ovalados, una característica de algunas obras de Lázaro Martínez, que permitían iluminar la caja de la escalera.

Todo el conjunto tiene un cierto aire ostentoso, pero contenido, propio de una vivienda de una de las personas más acaudaladas del municipio.

Para poder explicar su génesis tercer edificio a comentar, hay que retrotraerse  a un accidente acaecido en nuestra ciudad. El 25 de septiembre de 1880[7] Leonardo Montiel, comerciante de la calle del Águila (Selgás) se queja al ayuntamiento de los daños producidos en el tejado de su vivienda la noche del 19 de septiembre por el incendio que había destruido la casa de Antonio Serrano Córdoba, comerciante también, y colindante con la suya.

Esta notificación nos sirve de partida para tratar la edificación del comerciante Antonio Serrano Córdoba, que en enero de 1881[8] dice ser propietario de un solar (la casa habría sido derruida) en San Mateo, calle del Águila nº 8, y quiere realizar una vivienda, para lo cual aporta planos (figuras 6, 7 y 8).

Situado en una de las calles más céntricas y comerciales del momento, a escasos metros de las casas consistoriales emerge este magnífico edificio, afectado por años de abandono, dejadez y desidia por parte de propietarios y administraciones públicas. Pero en este caso, al igual que las otras edificaciones colindantes, los terremotos de 2011 fueron su golpe de gracia. Se procedió al vaciado interno y dejando solamente las fachadas (figuras 9 y 10), con lo que se nos privó de poder conocer la distribución interior del mismo.

El proyecto para construir en la manzana la sede para los juzgados de la ciudad del sol, respetará la fachada del inmueble, aunque hacer lo propio con el conjunto (volúmenes, materiales) está más bien en el aire. 

Siguiendo el plano original se levanta en la confluencia de tres calles, Paradores, Selgás y Fernando V (antes del Cuervo). Para aprovechar la situación y el espacio, y mejorar la vía se opta por realizar la construcción en chaflán, sin decoración, evitando con ello una esquina que podría ser perjudicial a los intereses del propietario. Al adoptar esta solución, rentabiliza mucho mejor el terreno disponible y permite realizar un alzado más barato, si tenemos en cuenta la piedra a invertir en el labrado de la esquina.

Fig. 6. AML- Antonio Serrarno Córdoba. Plano de Lázaro Martínez.

Fig. 7 y 8. AML. Detalle de la vivienda de Antonio Serrano Córdoba.
Fig. 9 y 10. Edificio Antonio Serrano de Córdoba. Foto autor 2006-2017.

La construcción resultante es un edificio en donde aparecen los elementos típicos de las construcciones del maestro: potente zócalo de piedra, ventanas decoradas y bicromía en blanco y ocre.

La fachada a la calle Selgás, está compuesta por planta baja, dos alturas y falsas, separadas por líneas de impostas y una potente cornisa en plano. Los huecos, tres por planta, van disminuyendo conforme nos elevamos. En la fachada a la calle Paradores, el plano entregado, nos ofrece la misma disposición en plantas, con cuatro huecos rectangulares, pero esta vez asimétricos, adaptándose la fachada a la pendiente de la calle.

Los vanos de la planta baja, están muy modificado en la calle Selgás, mientras que los de la calle Paradores, conservan la disposición original, a excepción de la puerta de ingreso al edificio.

En la primera planta, los grandes ventanales aparecían con balcón y se decoraban con molduras rehundidas, rematados por una doble platabanda que precede al listel con palmeta central. Las plantas se marcan y dividen por una sencilla línea de impostas, que articula las mismas. En la segunda, los ventanales, levemente reducidos en comparación con la primera, se decoran con guardapolvos de doble línea, rehundida también en su centro. En la coronación, se cambia el ritmo plásticamente, realizando un juego geométrico de líneas para proporcionar un contraste de luces y sombras en el remate. Los huecos de las falsas poseen un antepecho decorado con relieves rehundidos de formas vegetales, mientras que en el remate del guardapolvos, se hace con un juego inverso a los balcones del segundo piso, su moldura geométrica se articula hacia el suelo, en una suerte de contraste entre esos balcones y las falsas. La cornisa sobresale suavemente y se decorada con dentellones.

La fachada a la calle Paradores varía con respecto al plano original. Los huecos de la primera planta corresponden a dos ventanas que iluminan las estancias y dos entradas, una de las cuales da acceso a la caja de las escaleras, rompiendo la línea de impostas.

Los ventanales del primer piso van a estar completamente cerrados por una reja, que recuerda modelos andaluces. La razón estriba en la menor altura del piso debido a la inclinación de la calle.

Va a destacar el tercer eje de la fachada, ya que para iluminar la caja de la escalera, se construyen pequeñas ventanas ovaladas, con rejas embutidas, en el primer piso, situadas de forma horizontal, en el segundo vertical. Ventanas que si bien son de menor tamaño, conservan la forma rectangular en toda su extensión e incluye la moldura decorativa.

La desaparición del interior del edificio, desgraciadamente, como se ha comentado, impide realizar una apreciación de la escalera de distribución de las plantas. 

La última obra a comentar es una de las escasas viviendas que situadas en el Puente del Barrio han logrado sobrevivir por suerte, a la piqueta y especulación urbanística. En 1891[9] realiza los planos de la que sin duda, es la obra más importante de su producción, por decoración, relevancia y presencia.

Alfonso Barnés, que es propietario de dos casas en la calle del Charco haciendo esquina junto a la rampa del Puente, pide permiso para edificar y presenta plano del maestro Lázaro Martínez. El ingeniero establece las consabidas prescripciones de no entorpecer el tránsito por las vías, dejar un metro entre el muro de la vivienda y el del puente, colocar una acera de piedra con la misma inclinación que la rampa del mismo…

En la ejecución del edificio se juega con los dos colores típicos de la arquitectura lorquina, el blanco y el ocre, bicromía entre los paramentos lisos y los cercados de los vanos.

La fachada que da a la subida al puente se articula con dos ejes y tres calles con dos huecos como diseña el plano (figura 11).

En el edificio (figura 12), nos encontramos una planta baja cuyos vanos van a estar decorados por pilastras decoradas con estrías y un sencillo capitel dórico, rematados por un friso con cinco florones vegetales y un entablamento con dos pináculos en los laterales y semicírculo en su centro, mezcla de distintos estilos artístico, propia del eclecticismo. 

El primero de los huecos es la puerta de acceso al edificio, mientras que el segundo, es un ventanal de grandes dimensiones, enrejado.

Fig. 11. AML. Expedientes de Ornato Plano Lázaro Martínez Miñarro.

La primera planta, separada de la baja por una línea de impostas ocre de sencillas molduras, posee huecos de mayor tamaño, que se delimitan por pilastras acanaladas, rematadas con capitel dórico. Dos molduras sobresalientes a modo de cartelas decoradas con motivos vegetales rehundidos, sujetan el friso, mientras un dintel orlado con dentellones rectangulares, termina de enmarcar el vano.

El entablamento se articula con cornisa sobresaliente decorada igualmente por dentellones, pero esta vez de menor tamaño. A los lados del pseudofrontón encontramos dos pináculos sobresalientes rematados en bola, que delimitan la decoración, compuesta por bandas verticales que se rehúnden y contribuyen a generar juegos de luces y sombras. En el centro el remate es piramidal. 

La tercera planta, usa en la decoración de sus vanos pilastras planas, sin estrías y sustituye las capiteles por decoración vegetal a modo de guirnaldas de hojarasca. El frontón triangular posee un friso con dentellones y aparece en el centro de su eje una cabeza de ángel, cabeza que nos recuerda las existentes en el cercano claustro barroco del antiguo convento de la Merced o algún motivo barroco de la ciudad (escudo de la Casa de Guevara)

La fachada que da a la calle del Charco, tiene cuatro alturas (figura 13). La planta que da acceso desde la rampa, posee cuatro huecos como refleja el plano, grandes ventanales con balcones que se enmarcan con la misma decoración que los vanos de acceso. El esquema se repetirá en las dos plantas superiores, utilizando la misma decoración en cada una, y separando los distintos piso por esa moldura estriada pintada en color ocre.

El edificio se remata con una potente cornisa compuesta por sobresalientes ménsulas decoradas.

Nos situamos ante una obra que resume plenamente todas las características del eclecticismo del Valle del Guadalentín y la ciudad de Lorca, en un momento en el que las nuevas tendencias modernistas, comienzan a vislumbrarse en otros puntos de la Región y del sudeste, pero tanto las técnicas, como los materiales (ausencia de hierro en su construcción, uso de los zócalos de piedra, enmarques de los vanos…) y los motivos decorativos, son aún plenamente eclécticos.

La restauración llevada a cabo en el año 2002 devolvió al edificio la relevancia y frescura que le pertenecía después de muchos años de abandono y sufrimiento debido a la polución generada por el tráfico rodado, ya que el edificio estaba situado en una de las arterias con más tráfico de toda la ciudad, por ser parte de la antigua carretera general a Granada.

Fig. 13. edificio proyectado por Lázaro Martínez Miñarro. Foto autor. 2003.

A partir de 1893 Lázaro Martínez Miñarro deja de aparecer en las actas capitulares y los expedientes de ornato,  aunque aparece todavía en el padrón de vecinos de 1899, si partimos de la base de que había nacido en 1833, debía contar con 66 años. .

Entre las fuentes consultadas para saber sobre la actividad y vida del maestro están los protocolos notariales, en ellos aparece realizando tasaciones junto a otros maestros importantes de la ciudad como Fernando de Mora o Francisco Martínez, las actas capitulares del Ayuntamiento de Lorca y los expedientes de Obras públicas y urbanismo depositados en el Archivo Histórico Municipal de Lorca.


[1] Por la documentación que se ha podido consultar, así se demuestra según los fondos del Archivo Municipal de Lorca.

[2] AML Sala I 198/1 Padrón de habitantes de San Cristóbal.

[3] AML Obras particulares, 9 de noviembre de 1867

[4] AML Obras Municipales, 3 de febrero de 1871

[5] AML Actas Capitulares Sig. 1731, 30 de septiembre de 1871

[6] AML Obras Municipales 1870-1900 17 de diciembre de 1878 Caja 8741

[7] AML Obras Particulares 25 de septiembre de 1880

[8] Ídem 8 de enero 1881

[9] AML Obras Particulares 12 de abril de 1891

El Semanario «Tontolín». Inicios e ilustres colaboradores de la publicación lorquina entre 1915 y 1927

Autoría: Alba Guerrero García. Investigadora en Programa de Doctorado en Historia, Geografía e Historia del Arte de la Universidad de Murcia.

Los inicios del siglo XX, marcados por una gran inestabilidad política en el país, fueron un periodo de esplendor para la prensa local española. La entrada de la nueva era y el ambiente de estos años complicados hizo que proliferaran un gran número de publicaciones y revistas que contribuyeron a la crítica social, al entrenimiento y al enriquecimiento cultural de la vida en los pueblos y ciudades. Con carácter autóctono e intencionalidad literaria, el semanario lorquino ilustrado Tontolín se publicaba los domingos y contenía habitualmente entre 15 y 20 páginas de actualidad. La revista estuvo en activo en las primeras décadas del siglo XX, editada por la Imprenta de Montiel y dirigida por Jesús Cánovas Ortega. El 13 de junio de 1915 se presentaba el primer número coincidiendo con la festividad de San Antonio de Padua. La publicación se anunciaba en la portada como un semanario “joco-serio”, con aire literario, político y sensacionalista. Entre sus contenidos era posible encontrar noticias, efemérides, ilustraciones, poemas, relatos, cuentos, humor, acontecimientos sociales como espectáculos y certámenes que se realizaban en la ciudad, así como múltiples anuncios de comercios o productos locales. También ofrecía secciones abiertas al público que funcionaban como “cartas abiertas”, foros de opiniones e incluso “consultorios femeninos” que recogían multitud de anécdotas de vecinos del municipio.

Personajes ilustres, escritores e intelectuales del momento como Antonio Para Vico, Miguel Gimeno Castellar, José Barnés Moreno y el gran Eliodoro Puche Felices publicaron en Tontolín, cuya aportación a la dirección marcó un antes y un después en la literatura y la poesía local. Mariano Alcázar Fernández Puche, uno de los primeros representantes lorquinos del Modernismo epígono comenzó a publicar en la revista entre 1915 y 1916. También, fotógrafos como Pedro Menchón y Juan Navarro fueron redactores gráficos del semanario, donde incluso se anunciaban sus estudios de fotografía en la ciudad de Lorca.

Hacia la década de 1920, la redacción y los talleres se ubicaban en la Plaza de Colón y José Fernández Puche pasó a ser el director de la publicación. El 22 de agosto de 1926, el Consejo de Redacción de la revista organizó un banquete en honor al poeta lorquino Para Vico que se celebró en el salón de actos del Casino Ideal de la Unión Patriótica, en la céntrica Corredera. En este evento se presentó la edición de lujo de un libro poemario del autor y se escuchó la propuesta de la dirección de El Liberal de Murcia solicitando al Ayuntamiento de Lorca que nombrara al poeta “Hijo Predilecto” de la ciudad. Al igual que Eliodoro Puche, Para Vico fue una figura muy destacada para el semanario. Colaboró en numerosas ocasiones en la publicación aportando narrativas breves que iban desde poemas a micro cuentos. Entre ellos destacaron ejemplos como “La hija de su madre” (1916), una historia de denuncia en favor de los derechos de los niños y de la tolerancia social y “Símbolo” (1919), que se centraba en la vejez y en la cercanía de la muerte a través de los tópicos literarios del tempus fugit y el memento mori.

El poeta Para Vico, en el centro, con un grupo de alumnos de su academia, 1927. Archivo Municipal de Lorca.

Además de poetas y escritores locales, Tontolín también dedicó espacios a otro tipo de personajes célebres españoles del momento como cantantes o deportistas. En el número del 5 junio de 1927, el semanario dedicaba su portada al legendario futbolista y olímpico Ricardo Zamora, que en aquel entonces era considerado uno de los mejores jugadores del mundo y que se convirtió en toda una celebrity del momento, llegando incluso a ser protagonista en la época de dos largometrajes cinematográficos. Así, como parte del repertorio de prensa y publicaciones de la ciudad, el semanario Tontolín se convirtió en una lectura habitual para el deleite cultural, pero también para el entretenimiento de muchos lorquinos.

Sección dedicada al famoso deportista y futbolista Rizardo Zamora. Tontolín, 05/06/1927. Archivo Municipal de Murcia.

Referencias

ALONSO VIÑEGLA, José Luis. La Ciudad del Sol: Narraciones extraordinarias. 2012, p. 308.

ARCHIVO MUNICIPAL DE LORCA. Tontolín: 13/06/1915.

ARCHIVO MUNICIPAL DE MURCIA. Tontolín: 11/05/1919, 05/06/1927.

FERNÁNDEZ RUBIO, Juan Antonio. “El desarrollo de los géneros literarios en Lorca (1900-1936)”. Mvrgetana, nº 142, Año LXXI, 2020, pp. 107-132.

GUIRAO LÓPEZ, José. Historia de dos siglos de periodismo en Lorca. Murcia, 1984.

REGIÓN DE MURCIA DIGITAL. Historia de la prensa en la Región de Murcia. Siglo XX: https://www.regmurcia.com/

TONTOLÍN (Revista digital actual): http://tontolin.com/